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Sáb. 10 a 12 / 16.30 a 19 hs.
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Lun. a vier.
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Acceda a nuestros registros parroquiales desde su
fundación, el 29 de agosto de 1993.
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Romance de Navidad crucificada


A Tí levanto mi copa,
rebosante de penar.
A Tí que alzaste tu cáliz
a tu Padre en soledad.
A Tí levanto mi cáliz,
por la vida que me das,
con sus luces y sus sombras
su reír y su llorar, porque
después de los llantos,
amaneces con tu paz.
M i copa y tu cáliz juntos,
celebran tu Navidad.
C elebran que tu naciste,
hombre del tiempo y mortal.
C elebran que al fin venciste,
la muerte al resucitar.
M i copa y tu cáliz juntos,
dolor y gozo unirán, porque
sabemos que envías,
un ángel a consolar.
T u cáliz es agonía.
Victoria al resucitar.
R enazco otra vez contigo.
E n la nueva Navidad:
sostengo mi copa en alto,
mi vida en comunidad,
porque me apoyo en mi
hermano para reír y llorar.
NO IMPORTAN LAS SOMBRAS MIAS
¡TU LUZ LAS DISIPARA!



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Por mi Bautismo


B ajó tu Espíritu a mi alma un día.
C omo en aquel Pentecostés lejano,
fuego de apóstol encendiste en mi alma,
sólo rescoldo débil entonces,
que aventaría el tiempo con tu Soplo.
A
rpegios celestiales me envolvieron
como canción de cuna para un niño.
M i fisura de origen fue borrada.
E n Dios nací hijo nuevo,
en Ti injertado,
sarmiento de tu Vid que el Padre cuida.
L a gloria que El te dio,
Jesús hermano,
esa gloria me diste en el bautismo
para existir en unidad contigo y recibir
el mismo amor que el Padre te daba
cuando el mundo no existía.

P or mi rogaste.
¿Cuántos años hace?
N o fui tu comensal en esa Cena.
E stabas a la mesa con tus doce,
cuando alzaste a tu Padre la mirada:
le pediste por todos los que un día vendríamos
hambrientos a tu Mesa,
ya perdida la gloria del bautismo,
olvidado el amor del Padre santo,
entre miedos, angustias y egoísmos.
N o nos amamos.
C rece nuestra deuda,
deuda interior,
no de bolsillo.

¿C ómo te habrá de conocer el mundo
si no alcanzamos nuestra unión perfecta,
si no cumplimos con aquel mensaje:
" C omo yo los amé, ustedes se amen"?
" T en piedad de nosotros,
ten piedad porque estamos, Señor,
de injurias hartos,
de burlas y desprecios de los ricos".
E nvíanos tu Soplo,
envía el Fuego,
fuente de gracia,
banco de riqueza y pagaremos toda nuestra deuda
de amor con los hombres de este tiempo.
Y llegará la Trinidad al alma:
Dios con nosotros y con Dios, nosotros.



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Gabrielito


G abrielito, mi ángel,
aunque estés muy lejos,
vení a visitarme,
porque estoy muy solo.

C omo acompañante,
yo tenía un perro,
un perro atorrante,
mamá no quería...

V ivo en Buenos Aires,
en tu propio barrio.

T enés que ayudarme,
para hacer las cuentas.

M e cebás tres mates,
y después nos vamos los dos a la calle,
a jugar al fútbol
.

V os que sos un ángel atajás con alas,
pero yo de un saque mandaré pelotas,
tan fuertes,
que baten a cualquier arquero,
aunque sea arcángel:
que mi pelotita, no la para nadie.


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Mi Angel


M e olvidaba de algo, Gabrielito, mi ángel:
hoy yo tengo Misa...
¿no querrás que falte?
D espués jugaremos.

V ení a despertarme tempranito al cuarto.
T e dejo la llave,
mi angelito piola,
para que no llames,
porque todos duermen.

V ení a despertarme,
para oír la Misa.
N o quiero fallarle al Diosito bueno,
ni a laVirgen madre que me quiere tanto.

A purate, dale,
montaré en tus alas,
¡qué llegamos tarde!
volando y volando ¡qué llegamos tarde!



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Un nuevo canto de Pascua


H oy rompe la clausura del surco empedernido
el grano en él hundido por nuestra mano dura;
y hoy da su flor primera la rama sin pecado
del árbil mutilado por nuestra mano fiera.

H oy triunfa el buen Cordero que en esta tierra impía
se dio con alegría por el rebaño entero;
y hoy junta su extraviada majada y
la conduce al sitio en que reluce la luz resucitada.

H oy surge viva y fuerte, segura y vencedora, la Vida
que hasta ahora yacía en honda muerte;
y hoy alza del olvido sin fondo y de la nada
al alma rescatada y al mundo redimido.


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Olivo y rosa


R amos y Pascua uniendo la Semana
santa al principio y al fin de ocho días,
con el olivo verde aval de triunfo,
con la rosa gentil que Ilega luego,
el Domingo de gloria tras la injuria.
R osa pascual que brota de la noche
del fracaso, el dolor, la cruz, la muerte.
R osa pascual, milagro de la alborada.
E res símbolo vivo de mi historia
con domingos de luz, sombrío viernes.
P orque es mi vida una Semana santa,
al principio alegre, medio doloroso
y al fin la gloria de esta Rosa erguida,
puesta en mi mesa y que un jarrón
retiene sobre la verde rama de un olivo rosa:
pascual y ver de olivo unidos.

E ntre el olivo y la rosa va mi vida.
L os dos con Cristo, en paz, me resucitan.



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Pregón de Navidad


N aciste pobre, en un establo,
dicen es lo importante, Dios,
que al fin nacieras: no me importa, Señor,
el como o donde.
M e importa que tomaras esta carne, carne que en mí, Señor,
es fraudulenta, pero en Tí se hizo asiento de verdades.
M e importa que miraras con mis ojos, que no saben mirar lo que hay de bueno,
pero en Tí fueron siempres compasivos.
M e importa Cristo que te hicieras hombre, porque transfiguraste mis sentidos.
Y siento que a pesar de mis flaquezas, Tú volverás mi humildad, divina.
G racias, Cristo, que siendo Dios, naciste como un hombre insertado en una historia.
M i carne efimera la hiciste eterna: voy a resucitar en Tí, muriendo.
N o hay Navidad sin Pascua que nos salve, y no hay Cruz que no traiga su Esperanza.
G racias porque aceptaste tus dolores y me impulsaste a asumir los mios.
G racias, Dios, ¡parecías tan lejano!
N
os elegiste y somos tu familia. Compartirás y somos nuestra mesa. C elebraremos, Dios, tu cumpleaños, iDios y Hombre, que eres Dios entre nosostros!
Y tal vez esta noche no te vuelvas: te pedimos que quedes en la casa...y en el mundo,
aunque el mundo no te invite.



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Romancito del Arcángel



S an Gabriel Arcángel quiero ser feliz.
V ení en la astronave para verme a mí.
V os que estás con Dios

- aunque siempre viajes del hombre al Señor - decíle me ampare para no mentir.

Voy a confesarte: quiero ser de ti.
N o cuentes a nadie lo que yo te pido:
aquí en Buenos Aires,
volá este domingo para despertarme.

T engo que ir a Misa,
no quiero fallarle
a Dios que me cita.

P reparáme el mate
que está en la cocina
y antes que te marches a la Misa vamos.

Yo me iré delante
y guiaré tu paso,

- vos andás por aire y aquí -

...por la tierra.

P atearemos calles:
si tu pie tropieza
... yo voy a ayudarte.

S an Gabriel Arcángel:
quiero verte así,

¡que vos me acompañes para ser feliz!



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Oración


" S eñor, con la mitad del ser no quiero orarte,
sino con todo el ser que Tú me diste:
sentidos, corazón y entendimiento.

Q uiero sentirte, Dios, en la fragrancia de una rosa,
en la música de un grillo.

Q uiero orarte, sintiéndote presente en un día de sol y
en noche oscura.

Q uiero orarte a través del tacto dócil que palpa hasta
el amor que hiere y llora.

Q uiero orarte a través de la ternura
silenciosa que aprieta nuestros dedos.

Q uiero orarte, Señor, con los latidos del corazón
que se acompasa al tuyo.

C on el dolor también quisiera orarte y hacerlo
mi oración de cada día

S i te doy la razón y digo: "Acepto", también pensando así,
te estoy orando.

Y ¡qué difícil es orar: "Acepto"! Te estoy orando al descifrar mi vida y
al inclinar mi mente ante el Misterio.



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Dios llama a mi corazón


T ú golpeas la puerta de mi casa y esperas con paciencia que te escuche.

C on el oído pegado a mi ventana, me oyes andar nervioso y confundido.

T u mé llamas, Señor, ten en silencio, que en mi ruido interior, tu vos no llega.

T ú sonríes pensando que es tan simple arreglar el problema que me aflige.

Y vuelves a golpear para que te abra, y te invite a mi mesa y a mi cena.

Y , como en otro tiempo hiciste, partas nuestro pan y compartas nuestras penas.

" N o hay cerradura para abrir", te digo "¿cómo entrarías, Dios, aquí en mi casa?"

" Y a me estás respondiendo, y voy entrando, era ésa la entrada que buscaba".

F rente a mí, a mi mesa te has sentado, hablamos del problema... ya no importa.

T ú me serenas, porque te he abierto mí corazón que estaba clausurado.

 



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Límites


La Iglesia que está en mi barrio
nació pobre:
con su ajeno Sagrario,
pobre mesa de ofertorio
y con el Pan consagrado
en pobres cestas de paja.
S obre un muro, cruz de palo,
en los otros, casi nada,
salvo el Ángel desde un cuadro.
A trás jardín prisionero
de la luz de algunos santos,
música alada en las misas
y el silencio como un canto.
E n la puerta, alguien sonriendo;
adentro, Cristo esperando.

N ació presa,
la Iglesia que esta en mi barrio.
N ació con un mapa a cuestas
y los límites fijados;
entre dos vías estrechas y una autopista elevada,
un vecindario entre sectas
y un San Gabriel enviado.
N ació entre el cielo y la tierra,
con los límites del aire.
N ació sin que nadie viera
que el Amor salto los bordes;
hacia pampas quebradeñas,
hacia selvas escondidas,
donde sólo Dios queda;
solo y pobre,
solo y presa del Amor...

L a Iglesia que esta en mi barrio
vive presa
de un horizonte sagrado
en una tierra de nadie
que los mapas olvidaron.
A llí donde el pobre es pobre,
allí donde gime el llanto,
allí donde van los libres,
allí donde van los santos.



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Dócil soldado de Dios


¿D ónde te escondes Amado
y me dejas dudoso y dolorido?
D ador de dones que me das por nada,
dádivas que disfruto y desestimo
que a Ti las debo y soy deudor por vida.
T us dedos urden el tejido diario
de mi destino que tu diestra guía:
soy rebelde a tus órdenes divinas.
T ú me mandas ¡oh Dios! y no obedezco.
T u voluntad adentro me domina,
mas mi desidia me dirige a erradas
sendas perdidas, ríspidas quebradas.
H ordas de desertores me despojan
y bandadas de dardos me taladran:
dardos de un sórdido odio que yo engendro.
Me adhiero a la sensualidad del mundo,
y el mundo pecador me hunde en el lodo.
Endriagos y dragones me devoran,
M e despedazan cocodrilos verdes.
M is miedos han creado odiosos cuadros,
cuadros dantescos, ¡solo pesadillas!

M ás Tú mi Dios, Tú me despiertas raudo,
me sacudes y pasas por zaranda:
y en tu cedazo quedan mis pecados.
N o adoptes, Padre, drásticas medidas:
T u servidor es débil y caduco.
D efiéndeme de esas debilidades:
del poder, del dinero y la codicia...
G uárdame dentro de tu tienda santa,
donde los bendecidos ven y adoran.
Desátame, ¡Oh Dios! de tantos nudos.
V ivo enredado por mis desatinos,
y con cadenas, Padre, por mis deudas.
P on a mis vanidades un candado.
D ame la candidez de la alborada
que engendra claridad al nuevo día.
D escienda tu perdón sobre mi vida
y que tu escudo nunca deje a tu hijo
sin defender su desnudez del daño.
H azme dócil soldado de mi Cristo.

 



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Orar con el Mirlo


A córtame, Señor, por tu misericordia,
mi marcha por zarzas y cardos.
T u servidor siente cerca su muerte,
en este amargo desierto.
P ero tu te yergues como baluarte
para defenderme y resguardarme.
T u eres mi alcázar
frente a las hordas que me cercan.
N o permitirás que me pierda.
T u eres mi guarda
y me embarcas a tu puerto de amor,
porque tu Verbo de amor nos preservó del infierno.
E l es la antorcha fraterna
que guía firme a su estirpe.
E l es el nardo de olor fragante
que perfuma nuestro pardo y yermo invierno.
A rde su llama y da calor reconfortante
al existir que ya se marchitaba.
L os cuervos del temor parten y una luz,
al comenzar mortecina, surge soberbia de la mañana cercana,
porque el Señor nuestro Padre,
amanece con los armoniosos arpegios de un mirlo.



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Dios te basta


Desde el abismo de mi triste existencia te busco,
Dios Salvador, astro mío celestial.
M e alumbraste con la chispa de tu Espíritu,
me diste tu carisma en el casto Bautismo de mi inocencia
y me hiciste de la estirpe de Cristo.
D esde entonces, no me constritan
los rostros hoscos, ni adustos,
ni me aplastan los desastres imprevistos del destino,
ni me desestabilizan los sacudones sísmicos del susto.
Pues tu vás ¡tan cerca de mí!
A veces vienes adelante,
otras veces, tras de mí.
A veces, Jesús, te siento como esperas tiernamente,
en lo oscuro de mis sombras,
en los castigos injustos, frente a los gestos hostiles.
Si suspiro, si me ofusco,
T ú me asistes, me sostienes;
te sonries ¡tan a gusto!
Y al instante, soy distinto.
Me transformas y sosiegas el pulso
de mis sístoles y diástoles.
T ú esplendes como estrella de amatista
y es translúcida mi sombra.
E n silencio y soledad, quedo en suspenso.
T ú susurras... solamente yo te escucho:
"¿Qué te frustra, qué te espanta, qué te angustia? Dios te basta".



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Soy parte de tu orquesta


O h Dios, me diriges, marcas mis acordes.
S eñor, que sea música armoniosa,
mi vida se interprete en tu presencia,
compases de silencios y notas.
Y vaya en mis silencios atrapando
la música callada del pasado.
Y aquella soledad acompañada por Ti,
que sólo el alma percibía.
E res mi música perdida,
oculta en el repliegue de recuerdos muertos.
C uando te hablo en mi oración de noche,
tocan tus ángeles mis arpas.
C uando miro las estrellas busco mi ángel ausente... Se me ha roto la música.
L a quiero hallar, atrapar mi música callada,
mi soledad junto al Angel: en el tiempo de la Gracia,
sin relojes,
quiero entrar a tu Presencia.



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Los Serafines


E n soledad y soledoso vivo.
M i soledad es añoranza solo de aquella infancia
de fervor festivo sonorosa,
sonriente y soñadora.
C uando suelta y febril mi fantasía suscitaba
sus juegos fascinantes.
B ajo la filigrana del follaje
que formaba la fuerte fronda fresca de los fagus
del fondo de la finca.
E n mi fogosa enseñación de infante forjaba frágiles,
fontales seres que en mi flanco flotaban flameantes.
L os aires sacudidos por las alas de suaves,
fulgurantes serafines siseaban cadenciosas oraciones.
E ra todo susurro, una salmodia que del cielo filtraba,
entre el follaje y franqueando fronteras
sostenidas entre el Señor que sirve
y salva siempre
y un siervo infiel que ofende,
falla y falta,
asociaba a sus siervos a su esencia:
en la faz de su ocaso Dios salía
y su luz entre sesgos me cegaba.



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Infancia pido al mundo anciano


A nte Ti está mi lánguida existencia,
no me avergüences Dios, ni me abandones.
A ntes que el mundo fuera,
tu sapiencia me envolvía en la incógnita inquietante
del cuándo y dónde de mi ser vacante,
pingajo en trace de rentar un vientre.
T us ojos me veían ya en la entraña materna
antes que fuera concebido.
A ntes que yo franqueara las vivientes fronteras
y antes de encauzar sentidos a mi inocente
y mi íntima conciencia:
tu ciencia me envolvía ¡Oh Dios potente!
T ú me sondeas, me suspendes frente a la nada
que intenta mi hundimiento.
T ú transformas mi nada en trascendencia;
mi incipiente entidad sin consistencia
en condensado fundamento eterno.
H aces perennidad de mis andrajos.
D onde hay angustias, traes esperanzas.
C onviertes angosturas en anchuras.
T ransido de dolor te invoco ¡Oh Santo!
E stoy confuso, acongojado y tenso,
en un mundo ensangrentado y bronco,
a punto de concluir en bancarrota.
T iende tu Alianza como en el principio.
D ános Dios inocencia como entonces
y venturoso son de bendiciones.
I nfancia pido ¡oh Dios! al mundo anciano.


 
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