T ú golpeas la puerta de mi casa y esperas con paciencia que te escuche.
C on el oído pegado a mi ventana, me oyes andar nervioso y confundido.
T u mé llamas, Señor, ten en silencio, que en mi ruido interior, tu vos no llega.
T ú sonríes pensando que es tan simple arreglar el problema que me aflige.
Y vuelves a golpear para que te abra, y te invite a mi mesa y a mi cena.
Y , como en otro tiempo hiciste, partas nuestro pan y compartas nuestras penas.
" N o hay cerradura para abrir", te digo "¿cómo entrarías, Dios, aquí en mi casa?"
" Y a me estás respondiendo, y voy entrando, era ésa la entrada que buscaba".
F rente a mí, a mi mesa te has sentado, hablamos del problema... ya no importa.
T ú me serenas, porque te he abierto mí corazón que estaba clausurado.
|